[ 14/02/14 ]

“La formación en idiomas está creciendo de forma espectacular en este país”


Entrevistamos a Belén Delgado de Robles Cavestany, directora de la red de academias The Green Monkey, y emprendedora especializada en actividades formativas y de idiomas. Nos habla sobre el auge del aprendizaje de idiomas en España, su experiencia como mujer empresaria y las trabas a las que ha tenido que enfrentarse.

Nada parece asustar a Belén Delgado. En plena crisis, ha logrado expandir y consolidar las academias THE GREEN MONKEY, el proyecto en el que se embarcó hace ya más de quince años junto con su marido Eoin Baxter. Cuenta ya con varias líneas de negocio –además de clases, particulares o en grupo, en sus centros, imparte cursos en algunas de las empresas más importantes de España, y organiza todos los años estancias en varios países –Reino Unido, Irlanda y EEUU, entre los destinos que ofrece-.
 
¿En qué momento se encuentra la formación de idiomas? 
Yo diría que se encuentra en el mejor momento de las últimas décadas. En los años de crisis, la demanda de formación en idiomas ha crecido de forma espectacular. No sólo inglés: idiomas que antes eran segundones, como el alemán, chino o francés, tienen ahora un tirón impresionante.
 
¿Es una actividad anticíclica? ¿Cuando todo va mal, la formación va bien, y al revés? Da la impresión de que la gente sólo muestra interés en formarse cuando el paro “aprieta”.
No, no es así en absoluto. Es verdad que la crisis ha servido para que la gente se dé cuenta de la importancia de tener idiomas: ha ayudado a que se nos caiga la venda y, claro, durante estos años el número de inscripciones se está multiplicando. Pero nunca ha retrocedido, desde que yo me dedico a esto. Ha habido años, igual, en que el crecimiento ha sido más razonable, no tan espectacular, pero siempre en positivo.
 
Hay pocos sectores que puedan presumir de lo mismo, ¿cómo veis los próximos años?
Nosotros somos muy optimistas. Si comparas la penetración de los cursos de idiomas en España con la de países de nuestro entorno, el desnivel sigue siendo brutal. Y una población, no ya que sea capaz de manejarse en inglés, sino que lo domine al cien por cien, es imprescindible en el cambio de modelo económico de este país.
 
“Hay que ofrecer profesionalidad: ya nadie se apunta a chiringuitos”. 
 
¿Cómo es el cliente de este tipo de servicios?
El estudiante español tiene, en general, un nivel medio de idiomas, pero es muy exigente con sus profesores. Influyen varios factores: en primer lugar, todos recuerdan el fiasco de ciertos negocios de idiomas en este país. Las familias buscan garantías y sólo acuden a negocios que transmiten profesionalidad cien por cien: ya nadie se apunta a chiringuitos. 
 
Por otro lado, para el español el ocio es un bien muy preciado. Una oferta formativa está constantemente compitiendo con mil planes atractivísimos. El alumno necesitan efectividad, sentir que están progresando, para que le valga la pena. Esto es clave para la fidelización, sobre todo, del cliente adulto, pero también de los más jóvenes: cada vez hay más padres que hablan inglés y son capaces de saber, exactamente, si su hijo está aprendiendo o no.  
 
Y ¿cuál dirías que es la clave del éxito de GREEN MONKEY? 
Ofrecer aquello que no tiene la competencia: un sistema de eficacia reconocida, y, por encima de todo, un profesorado ultra-seleccionado. No quiero que mis alumnos pierdan el tiempo, odio la mediocridad y las medias tintas. No se me caen los anillos si tengo que decir a unos padres que no vuelvan a traer a un niño demasiado revoltoso: esto no es un servicio de niñeras. Por eso, tampoco tolero la falta de profesionalidad en los profesores, que es un mal extendidísimo en España. 
 
Contamos con muchos ciudadanos nativos de habla inglesa viviendo en nuestro país; para ellos dar clases es una salida fácil. Por desgracia, la enorme mayoría de ellos no tienen la cualificación ni experiencia necesarias para ello. En sus países de origen se han dedicado, la mayor parte de las veces, a cosas totalmente distintas. Es de locos, pero hay academias que contratan a estudiantes que están de Erasmus, o tomándose un año sabático. Eso es ridículo, aparte de un engaño total. La actividad a la que dedicamos más esfuerzo es sin duda la selección y evaluación de profesores que cumplan con los estándares de calidad que queremos ofrecer, que son los más altos. Lograr formar una plantilla de profesionales de la enseñanza solventes y serios es algo que en nuestro caso ha llevado años, para construir los contactos necesarios con instituciones y universidades, y no se puede improvisar. Junto con nuestro método exclusivo, es el mayor valor añadido que ofrecemos a nuestros franquiciados.
 
¿Qué os ha llevado a lanzaros a franquiciar?
Es algo planeado desde largo. Siempre hemos sabido que, frente a otras alternativas, nuestro negocio era perfecto para franquiciar: tenemos un modelo que funciona, que es atractivo. Somos una franquicia que verdaderamente crea valor: aportamos a nuestros franquiciados know-how y recursos a los que no tiene acceso un particular, así como una marca consolidada. Buscar socios que entiendan nuestra filosofía y nos acompañen en nuestra expansión es el paso lógico ahora.
 
“Ser mujer sigue siendo difícil, pero la sociedad se ha dado cuenta de lo que podemos aportar”. 
 
¿De dónde vino la idea de crear tu propia red de academias?  Y ¿por qué THE GREEN MONKEY? 
El desarrollo de THE GREEN MONKEY está muy ligado a mi vida personal y la de mi familia; algo que, creo, tenemos en común muchos emprendedores. Soy licenciada en Bellas Artes y, cuando empecé mi andadura profesional, viví largas épocas en el extranjero. Mientras vivía en París conocí a mi marido, que es irlandés: la propia historia de nuestro matrimonio es un buen ejemplo de lo importante que es dominar varias lenguas. Es algo que los dos teníamos claro; también sabíamos que España tenía un gran retraso a ese respecto, por lo que simplemente sumamos dos y dos. 
 
Para escoger al mono como imagen del grupo, fueron clave mis hijos, que no paraban de pedirme todo tipo de animales. Sobre todo, un mono. Yo ya les había dicho mil veces que, un mono, por encima de mi cadáver, pero no les entraba en la cabeza. Un día, para que se callasen, su padre dijo que sí, que tendría su mono… ¡y puso el nombre a la academia!
 
¿Y funcionó? ¿Se dieron por satisfechos?
¡En absoluto! (risas). Tuvimos aún mono para rato,  pero de aquel encabezonamiento quedó el nombre de la empresa, que a mí me encanta. Un mono es un ser pequeño, pero con gran agilidad de movimientos e inteligencia. Además, si es de color verde, tienes garantizado que no habrá otro igual. No se me ocurre una mejor mascota para nuestro negocio.
 
¿Has notado una dificultad adicional emprendiendo como mujer?
Ser mujer tiene sus dificultades añadidas, qué duda cabe. Pero es increíble cómo se ha avanzado en los últimos años. Por eso, soy optimista: creo que el mundo laboral, y la sociedad en general, van dándose cada vez más cuenta de que somos capaces de aportar una enormidad, no sólo en lo personal o familiar: también en lo profesional.
 
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