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El aprendizaje es uno de los capítulos más importantes que toda cadena franquiciadora debe contemplar. No en vano, se trata de una herramienta básica, a través de la cual se canaliza la transmisión del saber hacer por parte del franquiciador al franquiciado. De hecho, el adiestramiento siempre ha de considerarse como una inversión.
La formación del franquiciado es uno de los aspectos que cada vez se imparte más seriamente y al que se destinan mayores recursos por parte de las centrales franquiciadoras. Son conscientes de que es un periodo fundamental para transmitir el saber hacer y para orientarles en el conocimiento y la filosofía de la marca. Y tampoco olvidan que unos simples cursos antes de poner en marcha el negocio no son suficientes para que todo quede perfectamente claro y definido; es necesario ayudar en la práctica y reciclarse continuamente.
FORMACIÓN INICIAL
Normalmente, antes de proceder a la apertura del negocio se suele impartir lo que podríamos llamar la primera fase del apartado formativo. Aquel en el que se empieza a conocer a fondo la filosofía y la forma de trabajar de una determinada cadena. De ahí que esta etapa inicial suela dividirse en dos tipos de adiestramiento:
a) Teórico: donde se va a transmitir el saber hacer de la enseña, su funcionamiento, posicionamiento en el mercado, diferencias con los competidores... en definitiva, se ofrece una descripción detallada del concepto.
b) Práctico: donde el asociado, e incluso el personal que tiene trabajando para él, aplican todos los conocimientos teóricos adquiridos, normalmente en un centro piloto destinado a tal efecto o incluso en la propia tienda del franquiciado.
En estos primeros pasos por el mundo de la franquicia no han de quedarse cabos sueltos por parte del franquiciador. Por este motivo, la formación es la herramienta idónea para facilitar al franquiciado toda la información necesaria, relativa a temas como la actividad en la que se opera, los procesos de elaboración, las técnicas de venta, las campañas de publicidad y marketing, el aprovisionamiento, el personal adecuado, el manejo del programa informático...
Pero, sin duda, toda esa parte de explicación en un aula es necesario plasmarla en realidad sobre el papel en un establecimiento, normalmente propiedad de la central. Sólo de esta manera el asociado sabrá lo que es el afrontar al día a día del que será su negocio, enfrentándose directamente con una jornada laboral normal, y viendo en la práctica las situaciones que también a él se le pueden plantear.
FORMACIÓN PERMANENTE
El momento en el que el franquiciado levanta el cierre de su local es uno de los más esperados, pero también comienza un camino difícil, en el cual surgen dudas e interrogantes. Y para despejarlos, las centrales serias y profesionales ayudan al asociado en esa andadura, desplazando personal especializado que le preste apoyo y asesoramiento, al menos durante los primeros días o incluso a veces semanas.
No obstante, tampoco ha de acabar aquí la formación. A partir de ese instante, se ha de alimentar un contacto fluido y permanente, con el objetivo de afianzar la buena marcha de la actividad. Y es que un seguimiento es fundamental para evitar errores e imprecisiones, y también para estar siempre al día de las demandas y las tendencias del mercado.
Amparándose en todas estas circunstancias, muchos franquiciadores han puesto en marcha una serie de herramientas, encaminadas a que no se pierda esa relación fluida entre ambas partes. Son, por ejemplo:
1. Cursos periódicos de formación
2. Cursos de reciclaje
3. Convenciones de franquiciados
4. Formación on line
SIEMPRE UNA INVERSIÓN
Existe un dicho dentro del mundo del management que reza lo siguiente: “Si piensa que la formación es un gasto... ¡pruebe con la ignorancia!”. Con esta frase queda perfectamente claro que el aprendizaje ha de ser considerado como una inversión.
Partiendo de todos estos parámetros, la formación debe estar dotada de un sentido práctico y efectivo. Desde luego, siempre ha de ser preocupación y tarea del franquiciador disponer de los soportes y los canales idóneos para hacer llegar a sus asociados todo el saber hacer de la enseña.
Finalmente, y con respecto a su duración, conviene señalar que la formación de carácter inicial dependerá de la actividad en la que se encuadre la enseña elegida. Lo habitual es que se alargue desde una semana hasta un mes, si bien hay conceptos que sólo requieren un día de adiestramiento y otros hasta incluso un año. Sea como fuere, el periodo por el que se ha firmado el contrato entre franquiciador y franquiciado será el que determine la duración del entrenamiento. Y es que nunca se deja de aprender, y hay que reciclarse continuamente.
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