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Una adecuada estrategia en relación con las fuentes de financiación resulta fundamental a la hora de plantear una salida al mercado. • Ayudas y subvenciones oficiales: Diversas instituciones nacionales y autonómicas ofrecen líneas de ayuda a la creación de empresas. Estas ayudas suelen ser de carácter financiero, mediante créditos a tipos de interés preferencial o incentivos fiscales. Entre estas instituciones destacan las Cámaras de Comercio, la Dirección General de la Pequeña y Mediana Empresa, el Instituto de la Mujer o el Instituto de Crédito Oficial (ICO).
• Capitalización del subsidio de desempleo: Los emprendedores desempleados contarán con una ayuda máxima de 6.500 euros para crear su propia empresa, ya sea una franquicia o un negocio independiente. Deberán presentar un proyecto de la actividad económica para la que solicitan esta ayuda, y por la que percibirán el 60% del subsidio en un solo pago, y además verán destinado el 40% restante al pago de la Seguridad Social.
• Entidades financieras: La banca y las cajas de ahorro son una de las fuentes a las que con mayor frecuencia acude al empresario para financiar su actividad, aunque sin la presentación de avales o garantías es una opción restringida sólo para aquéllos que sí disponen de los mismos.
• Entorno propio: Es una de las vías más clásicas y efectivas para el emprendedor latino. No debe reducirse a la familia, ya que el grupo de amigos puede ser de gran utilidad, sobre todo entre los jóvenes. La sociedad creada por varios compañeros de estudios, una fórmula muy habitual en las culturas sajonas, todavía no ha sido explotada por los emprendedores españoles.
• Microcréditos: Pequeños préstamos realizados a prestatarios con dificultades para sortear las exigencias marcadas por las entidades. Especialmente diseñados para colectivos como minorías étnicas, mujeres o jóvenes posibilitan que muchas personas sin recursos puedan financiar proyectos laborales por su cuenta que les reviertan unos ingresos.
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