El primer restaurante de La Alpargatería abrió sus puertas en 1992. Hoy la enseña de comida italiana, a punto de cumplir el año desde su entrada en el sistema de franquicia, cuenta con 16 locales repartidos por todo Madrid. María Pasamar es una de las primeras emprendedoras en unirse a este proyecto, tras estos primeros meses de rodaje cuenta su experiencia: “Siempre había estado vinculada al sector comercial y aunque no había tenido ningún contacto profesional con la hostelería me llamaba mucho la atención. Un día decidí que no quería dejar de intentarlo, así que me puse a valorar la mejor opción hasta que vi que la solución pasaba por montar una Alpargatería”, comenta María hoy con su restaurante a pleno rendimiento en la calle Doctor Fleming de la capital.
Emprender desde cero
Una vez elegido el sector, María recuerda que lo más complicado fue tomar la decisión. Decisión que basó en sus gustos personales: “El método fue por eliminación. Pensé que si tenía que pasar mucho tiempo en el futuro negocio, en un local de esta cadena, al menos, lo pasaría a gusto. Lo sabía porque había echado muchas horas como clienta”. Tras reunirse con los gestores de franquicia se confirmaron los buenos augurios: “Me dio confianza y aquí estamos”.
Primera toma de contacto
Además de no contar con experiencia en hostelería, el hecho de ser una de las primeras franquiciadas de la enseña, añadía un toque de aventura al proyecto, un hecho que cómo señala María “tiene dos caras: por una parte la central tiene que rodarse y adaptar sus procesos hacia los nuevos socios, que no están tan familiarizados con el negocio, una labor que no siempre es fácil. Por otro lado, todo el mundo de la organización está volcado hacia ti, eso te facilita mucho las cosas y te da seguridad”.
Con el respaldo de La Alpargatería, María empezó su toma de contacto con la restauración italiana “No teníamos mucho tiempo pero entre unas cosas y otras pasamos casi un mes con la formación. Había que captar la filosofía de la enseña en los restaurantes propios y conocer la forma de gestionar un negocio de este tipo en todos sus aspectos”.
Lograr el objetivo final
Hoy María es una profesional más del sector y gestiona su restaurante “mitad cómo inversión, mitad como autoempleo”.
Aún mantiene reuniones periódicas con la central a fin de estudiar la marcha del negocio y barajar diferentes opciones para mejorar la facturación. Reuniones muy útiles en estos primeros meses en los que “sobre todo, se valora tener a alguien a quien recurrir cuando no sabes por donde tirar, o cómo resolver cualquiera de las múltiples dudas que van surgiendo”.
María se muestra prudente a la hora de hablar del futuro. Con su franquicia apenas recién inaugurada, para ella lo más importante es “conseguir la velocidad de crucero” y amortizar la inversión: “Y después, quién sabe, montar otra franquicia...”, se atreve a aventurar.
De momento prefiere hablar del presente y de cómo está funcionando su restaurante: “Lo más difícil es que te conozcan; comienzas despacio y vas creciendo paulatinamente. Lo que más ilusión te hace es que los clientes repitan, es señal de que se sienten bien tratados y les gusta la cocina. El resto es cuestión de tiempo y ganas de trabajar”.
La Alpargatería
En sus restaurantes, la estrella es la cocina casera preparada con populares recetas italianas y productos traídos desde Italia. Con un ambiente moderno y acogedor y un tique medio de 20 euros, la red se ha extendido por Madrid con 16 restaurantes. Nació hace 18 años, pero lleva poco más de un año abierta al modelo franquiciado. Sus establecimientos implican una inversión de unos 471.000 euros.