El próximo año cumplirá su primera década en Nacex, cadena de la que opera tres franquicias y con la que mantiene intacto su idilio: “Desde que entré supe que no me había equivocado”, explica este graduado social que trabajaba en Recursos Humanos hasta que un día se decidió por embarcarse en una aventura empresarial, algo que siempre le atrajo. “No tenía ni idea de cómo funcionaba la fórmula, pero leí mucha prensa especializada, busqué posibles negocios y analicé pros y contras de cada uno, hasta que vi el que mejor me encajaba”, recuerda.
Un pálpito acertado
Desde el principio tuvo claro que el mercado de la distribución y la logística tenía buenas perspectivas: “Veía que este sector estaba en alza impulsado por un cambio de hábitos de consumo, que ahora desemboca en la comodidad de que nos lleven lo que necesitamos a casa, y cuanto antes mejor”.
Cuando Alfonso abrió su primera delegación en Madrid, allá por 2001, iniciaba quizá sin saberlo una carrera de fondo donde cada paso iba a ser más grande que el anterior: “En aquel momento la cadena tenía unos seis años pero ya apostaba por innovar y contaba con un sistema informático muy bueno”, recuerda. “Al principio tienes algo de miedo, pero antes de abrir has hecho cursos, practicado en otras delegaciones… además, la central te lo pone sencillo, pero también el resto de franquiciados ayudan a que te acoples. No hay que olvidar que dependemos mucho unos de otros, y si falla un eslabón toda la cadena cojea”.
Quien da primero...
El primer envite le salió bien, por lo que decidió repetir, esta vez con una delegación más ambiciosa: “Abrí la segunda en 2007, también en la capital, pero esta vez la delegación era mayor, con un volumen de negocio que casi triplica a la primera, y hace año y medio [en pleno arranque de la crisis] inauguramos la tercera en León, de donde soy y donde tengo familia”, relata Alfonso, que optó esta vez por una delegación más manejable al frente de la cual se encuentra un hermano. “En definitiva, se trata de marcarte retos, zanahorias que hay que ponerse delante para ver dónde eres capaz de llegar”, comenta animado este emprendedor.
Vocación comercial
Casado tiene bien atados dos de los puntos donde tradicionalmente flaquean los franquiciados: la gestión de equipos y la labor comercial. El primero, gracias a su formación y experiencia profesional previa, de ahí que sea consciente de su importancia. “Es probablemente lo más complejo, pues se trata de organizar un equipo de 12 o 15 personas, que se deben adaptar muy rápido. Esto a veces complica las cosas a asociados que proceden del sector del transporte, porque llevar personas no es igual que llevar paquetes”. En cuanto a las ventas es él mismo quien se encarga: “Tuve un comercial pero no encajamos. Algunos se acomodan pero no te puedes dormir porque ahí fuera la competencia empuja. Así que lo probé, y me gustó. La labor comercial me da cercanía con el cliente, resulta apasionante”, aclara este franquiciado de Nacex, que asegura tenerse asignado un sueldo “para no engañarme y pensar que se trabaja gratis”.
El consejo
Alfonso aconseja que la coyuntura no paralice la decisión de montar un negocio. “Eso sí, que reúna toda la información que sea posible, que la examine bien y que sepa claramente a qué se quiere dedicar, porque todos los sectores tienen altibajos”. Está convencido de que la crisis esconde oportunidades interesantes, pero advierte: “Mejor no quedarse sólo con el envoltorio del negocio, y ver qué hay detrás”.