Ya conocía el mundo de la franquicia, de ahí que, a la hora de lanzar la cadena, Lorenzo Castejón no tuviera dudas: “Desde el principio pensamos en el negocio desde el punto de vista del franquiciado: cuanto menos piedras le pongas en la mochila, más fácil será que triunfe”, explica el director general de SolQ, enseña dedicada al desarrollo integral de proyectos de energía solar térmica y fotovoltaica. Una inversión baja, la posibilidad de operar sin local y una formación muy operativa fueron las bases de una red surgida en 2008 y que ya ha abierto 38 delegaciones, cuatro de ellas en Portugal.
No obstante, las buenas perspectivas del sector chocan con el obstáculo de “una regulación hecha a salto de mata, donde cada administración, central, autonómica o municipal, caminan por su lado”, explica Castejón, lo que obliga a la central a asesorar a la red en todo el procedimiento normativo e incluso a disponer de un ingeniero especializado en seguir la pista de los vaivenes legales. “En cualquier caso, la energía solar va a poder con cualquier traba, y en breve se convertirá en un pilar de la economía española”, asegura resuelto el director general de SolQ.
Otra innovación de la cadena radica en su enfoque hacia la microinstalación, algo que le distingue de la competencia: “Este negocio no puede depender de las grandes instalaciones, sino que tiene que socializar la energía, crear un tejido industrial básico para pequeños proyectos, de manera que cualquiera pueda acceder a la energía solar. Con las microinstalaciones, el franquiciado puede facturar todos los días, no dos veces al año”.
Una crisis benigna
La crisis inmobiliaria, que ha mermado la construcción de viviendas –“aunque el auge de las reformas nos viene muy bien”– ha facilitado la entrada de muchos profesionales, como arquitectos, ingenieros o instaladores, que componen el 90% de la red. “E incluso recibimos más de 40 candidatos diarios”, asegura Lorenzo Castejón. La labor del franquiciado de SolQ es fundamentalmente comercial: se trata de vender el producto tanto a particulares como a organismos públicos. “La parte técnica está reforzada por nuestro departamento de ingeniería que le dará cobertura, así como por el programa informático de gestión QSoft”. De la fabricación de los paneles se encargan partners tecnológicos de la central, mientras que para la instalación la cadena dispone de instaladores para los casos en que los franquiciados no cuenten con su propia instaladora.
Por último, la cadena prevé este año alcanzar el centenar de delegaciones en la Península –60 en España–, y tiene puestas sus miras en Castilla León y, sobre todo, en Galicia y el País Vasco, “dos mercados muy buenos a pesar de que parezca que el sol luce menos allí”, aclara el director general de SolQ.