Cuba ha decidido mover ficha en un terreno que llevaba décadas congelado. El Gobierno ha confirmado que abrirá la puerta a franquicias extranjeras en actividades como la restauración, el comercio y otros servicios, un paso que llega en medio de una situación económica complicada y con la necesidad, reconocida por las propias autoridades, de ampliar la oferta disponible para la población. La isla arrastra problemas de abastecimiento, inflación y un turismo que no termina de recuperarse, y las reformas buscan aliviar parte de esa presión.
Manuel Marrero Cruz, primer ministro, defendió que el país debe dar entrada a nuevos actores económicos y permitir que marcas con experiencia puedan operar en Cuba bajo modelos ya probados. No es un cambio menor: durante años, la presencia de grandes cadenas internacionales ha sido prácticamente inexistente por las limitaciones del sistema estatal y la rigidez normativa.
El Gobierno ha señalado que los primeros sectores en abrirse serán los relacionados con la gastronomía y el comercio. Restaurantes, cafeterías, negocios de comida rápida y tiendas privadas podrán funcionar bajo esquemas de franquicia, ya sea gestionados por mipymes cubanas o por inversores extranjeros.
Marrero ha detallado el alcance de la medida con una frase que resume bien el giro: “Crear cadenas de tiendas de restaurantes, red de gastronomía ligera de marcas reconocidas o de otras que se creen aquí, que se extiendan por todo el país. Es decir, una mipyme, alguien, una inversión extranjera que quiera hacer una red de restaurantes, de cafetería, hamburguesería, cualquier servicio, se le va a permitir”.
El anuncio llega acompañado de cambios legales que facilitan la entrada de capital extranjero en empresas privadas, un ámbito que hasta ahora había estado prácticamente cerrado. También se han introducido ajustes en el sistema financiero y se ha eliminado la figura de las entidades empleadoras estatales, lo que permitirá a las compañías contratar directamente a su personal. El objetivo es reducir trabas y acelerar la llegada de proyectos.
La apertura coloca a Cuba en el radar de muchas marcas que nunca han operado en la isla. El país ofrece un mercado virgen, con una demanda acumulada y un interés evidente por productos y servicios que no han estado disponibles durante años. La restauración y el comercio minorista podrían ser los sectores que más rápido noten el impacto si las reformas avanzan sin retrocesos.
El escenario, sin embargo, no está exento de dificultades. La infraestructura energética sigue siendo frágil, la logística presenta limitaciones y el marco regulatorio aún está en proceso de adaptación. Aun así, el movimiento marca un antes y un después en la política económica cubana y abre una ventana que, si se consolida, podría atraer capital, tecnología y modelos de negocio con experiencia internacional.
Cuba ha decidido permitir la entrada de franquicias extranjeras en sectores como la restauración, las cafeterías y el comercio privado. El Gobierno busca aliviar la escasez y atraer inversión en un momento económico complejo. Manuel Marrero Cruz confirmó que se permitirá crear redes de restaurantes y negocios de gastronomía ligera gestionados por mipymes o capital foráneo. La medida abre un mercado virgen, aunque con desafíos estructurales evidentes.
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